
Por Alejandra L.V.
Inmersos en esta ciudad y en estas vidas agitadas, cuando tenemos un respiro lo único que queremos es vivir sin dolores de cabeza o sin que se nos sequen los ojos, estar aislados del ruido y los malos olores, buscar alternativas para estar en contacto con lo natural, en lugares fuera de lo cotidiano que nos hagan soñar y desconectarnos de nuestra realidad.
Actualmente está muy de moda el ecoturismo, que generalmente ofrece paquetes donde te bajan la luna y las estrellas, ofreciendo mucha diversión y planes maravillosos que te ocupan todo el día, haciéndote sentir un deportista extremo y el ser más altruista del mundo por estar ayudando a conservar el entorno, dando recursos para cuidar las pocas áreas naturales que aún quedan.
El ecoturismo tiene que ser un turismo controlado ya que depende de la naturaleza, y si no respeta las condiciones de ésta, se viene abajo. En nuestro país, el ecoturismo representa una de las principales fuentes de empleo y la industria más grande del mundo en este ramo, pero habitualmente se terminan afectando los ecosistemas debido a que se sobreexplotan cuando llegan hordas de gente por día a determinados lugares. Para evitar esto y seguir obteniendo recursos monetarios sin dañar los recursos naturales, se han establecido zonas donde el ecoturismo se ve desde otro punto de vista: se pretende que la comunidad o el ejido que vive y se hace cargo de la zona sea la que se beneficie con el dinero que dejan los turistas. Se intenta que esta gente enseñe a los visitantes a respetar y valorar la naturaleza aprendiendo a su vez sobre las costumbres regionales.
Para establecer una zona de ecoturismo, primero se debe hacer un estudio sobre la calidad del hábitat, realizando un plan de manejo que determina si esa zona se conserva, se recupera o se aprovecha, y sólo en el último caso se permite realizar este tipo de actividades, ya que el impacto evaluado será menor. Resulta necesario hacer este tipo de estudios y sobre todo enseñar a conocer y disfrutar de la naturaleza sin dejar huella en ella, en pocas palabras si vas a una zona natural: no tires basura, no muevas nada de su lugar, ya que por mínimo que sea ese objeto puede ser un micro hábitat para algún otro animal, y no extraigas nada de la zona, ni una planta, ni un insecto, porque así, de uno en uno, el ecosistema se ve irreversiblemente afectado.
Hay que darnos cuenta de que vivimos en una sociedad capitalista, y este tipo de turismo suele convertirse en un negocio que generalmente deja de lado su razón principal, o tal vez nunca la tuvo y de ecológico sólo lleva el nombre.
Esta situación es totalmente entendible en un país como el nuestro: no hay fuentes de trabajo para todos sus habitantes. La gente tiene que sobrevivir y buscar recursos para mantenerse en esta sociedad materialista donde el que menos tiene más se jode, es un círculo en el que el hombre destruye a la naturaleza y con ella nos destruimos a nosotros mismos, no hay un equilibrio entre el mundo material y el mudo natural, es un caos sin ningún orden que altera ambas partes, afectándonos y matando nuestro entorno en una especie de suicidio colectivo.
... Y tú, ¿Qué huella quieres dejar?

1 comentario:
muy bien Ale!
Hablas de situaciones que me tocó vivir en carne y hueso o en wetsuit y aletas, en Playa y coincido contigo, no sé qué tanto te has involucrado en este tipo de turismo, o si sólo lo sabes porque conoces la información, de todas formas está chido y quiero felicitarte.
Tus textos han madurado de una manera NOTABLE. Escribiendo de cosas que se conocen pero que nunca se explican de esa manera... he estado leyendo por este blog todos los artículos que arriba del tuyo se mencionan, y todos, menos uno me han fascinado (ese "uno" no está mal, pero se me hace como para quedarse en su diario).
Me gustaría estar ahí para dedicarle tiempo y corazón, como muchos de ustedes al proyecto que un día vi crecer (de cerca).
salud!os y seguiré leyendo...
RRR
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