jueves, 21 de agosto de 2008

- La comidilla llamada BUSHMEAT



Por Bernardo Cabello Ibarra

Parece ser que la crisis alimentaria ha llevado al hombre a realizar muchas de las acciones que jamás se me habrían ocurrido… Recuerdo muy bien aquel capítulo de Los Simpsons donde Lisa decide volverse vegetariana, en dicho episodio, el profesor Skinner muestra un video a la clase de segundo año donde aparece Troy McClure explicando cómo ‘funciona’ el manejo del ganado para la producción y consumo de carne. Al final de la cinta aparece una gráfica explicando la cadena alimenticia en la que el hombre se encuentra al centro como el depredador de prácticamente todas las especies, entre las cuales aparecen desde seres vivos, como murciélagos, hasta unas botas. Bueno, tal parece que las botas salen sobrando, por todo lo demás esa caricatura se ha convertido en una realidad: aquí es donde aparece el término “Bushmeat”.

En definiciones simples, “Bushmeat” significa el consumo de animales salvajes en ciertas regiones de África, Asia y América, sin embargo en la actualidad dicho término simboliza más cosas de las que se podían representar anteriormente, creando un nuevo paradigma dentro del consumo de animales por supervivencia… comencemos por el principio:

Como ya se ha mencionado, la palabra en sí se refiere al consumo de animales salvajes por supervivencia y si bien nosotros podemos salir a comernos unos tacos después de la fiesta, unas papitas para entretener la tripa, o unos molletes para desayunar, en otras regiones la situación es totalmente distinta. Al no existir los recursos necesarios para mantener a la población bien alimentada, ciertas familias decidieron salir a cazar lo primero que se les pusiera enfrente con tal de llenar el estómago de sus hijos, esposas, etc. Esto incluía cualquier cantidad de especies: monos, gorilas, elefantes, cebras, hasta lo más común dentro de nuestra vida cotidiana, es decir gatos, pájaros, en fin.

Si esto suena cruel y despiadado cabe mencionar que el principal objetivo estaba establecido de antemano: supervivencia. Las primeras manifestaciones se dieron dentro de este marco, la gente estaba muriendo de hambre y la caza de estas especies era el único elemento que podía mantener a los habitantes de estas regiones con algo de comer. Por ende se puede hablar de expresiones locales que en realidad no quebraban la balanza ecológica de manera significativa. El problema vino después, cuando la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) acordó en enero de 2001 que la utilización de la carne de animales silvestres con fines de subsistencia podía efectuarse de forma sostenible, aunque el incremento del comercio tendría serias repercusiones sobre diversas especies. ¿Comercio? ¿Cuándo salió esto al aire?

Pues resulta que ahora el hecho de cazar gorilas, monos, leopardos, etc., con el fin de mantener los estómagos llenos generó la posibilidad de tener la billetera repleta. El simple hecho de cazar animales “exóticos” por subsistencia genera un choque de ideas, aunque se pueda llegar a comprender de cierto modo, pero ¿cuándo cambio la idea de subsistencia? ¿Cuándo el hecho de cazar reemplazó el alimento por el dinero? Aquí es donde comenzó el paradigma del “Bushmeat”.

El auge de esta práctica cambió el significado de la misma palabra, ahora además de una actividad, se ha convertido en una dieta y un modo de vida. No es que no se siga cazando con el mismo fin, sino que el pequeño porcentaje de la población que hacía esto, ahora es apabullado por uno mayor que dedica su actividad a la venta de carne salvaje.

Para esto, comenzaron a surgir pequeños restaurantes dedicados específicamente a la venta de carne silvestre con un menú repleto de distintos platillos exóticos y una demanda de la población tanto local como extranjera (turistas). Todo esto produjo más restaurantes, mayor demanda y mayor caza de animales, por lo que grupos especializados comenzaron a salir a territorio silvestre para atrapar presas que en sus negocios se ofrecerían como “manjares” inimaginables.

Esto afecta de gran manera no sólo a una especie, si no a todo lo demás que la rodea. Por ejemplo, los restos que deja un leopardo abastecen por lo menos a otras dos especies, ¿y si ya no hay leopardos?... Pues también los demás mueren de hambre. Parece ser un círculo vicioso y una nueva cadena que el hombre ha abierto pero que al parecer no se cierra en ningún lado ¡Maldito Troy McClure, qué sabio eres!

En fin, esta cuestión se ha convertido en un grave conflicto y asunto de debate en diversas regiones del planeta, el problema radica en lo ya mencionado y en cómo se puede recuperar o replantear la situación para el beneficio de todos. La mayor bronca aquí son las mafias metidas en la caza, comercio y administración de las carnes salvajes, tal vez si se hiciera una regulación de las mismas actividades se podría llegar a un cierto convenio, y así tratar de administrar la caza dentro de estas regiones o, sólo en ciertos casos, abrir establecimientos bajo normas establecidas (como el ya clásico y mundialmente famoso “Mercado de San Juan” ubicado aquí en el Distrito Federal). ¿Pero cómo regular este tipo de actividades y comercio en un lugar donde la gente abunda a montones y los recursos no? Parece ser casi imposible…

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